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La historia, la inmigración y el futuro

OpinionNora O. Lozano  |  September 30, 2015

Lozano Nora New ColumnPor Nora O. Lozano
Traducido por Cristina Rodríguez Alejandro

An English version is available here.

Antes que nada, quiero agradecerle a aquellas personas que respondieron a mi columna anterior, titulada: “Soy una inmigrante”. Mientras que algunas personas me pidieron que escribiera más acerca del escenario político aquí en los Estados Unidos, especialmente acerca de los/as aspirantes presidenciales, otras me sugirieron que continuara escribiendo acerca del tema de inmigración.

Antes de pasar al tema principal de esta columna, quiero agradecer a la BNG y a su jefe editorial, Robert Dilday, por su disposición para publicar mi columna en español. Estoy consciente de que el intentar nuevas proyectos también brinda nuevos retos. Es por eso que estoy agradecida por este gesto de inclusión no solo hacia las personas latinas en los Estados Unidos, sino hacia todas las lectoras/os en Latinoamérica y España. Por supuesto, también quiero agradecer a estos nuevos lectores/as por leer y hacer comentarios sobre mi columna.

Continuando con el tema del idioma español, recientemente Donald Trump y una de sus seguidoras, Sarah Palin, criticaron a Jeb Bush por utilizar el español durante su campaña. Esto trajo a colación el tema del por qué existen tantas personas que utilizan el español en este país. Las estadísticas muestran que actualmente existen 52.6 millones de hispanoparlantes en este país y que el único lugar en el mundo donde más personas hablan el español es México.

Una razón aparente por la cual muchas personas hablan español en los Estados Unidos es la inmigración; sin embargo, otra razón importante es la política exterior de este país. No cuento con el espacio necesario para incluir las diferentes políticas exteriores que Estados Unidos ha seguido a lo largo de los años; no obstante, me gustaría mencionar tres ejemplos que, como consecuencia, han contribuido al aumento de la población latina en este país:

1) “Yo no crucé la frontera, la frontera me cruzó a mí” es un dicho popular entre las personas mexicoamericanas en Texas. Debido a los complicados problemas políticos y económicos que desencadenaron una guerra entre los Estados Unidos y México durante el siglo XIX, la frontera entre los dos países fue cambiada; muchas personas fueron profundamente afectadas por este evento. Una noche se fueron a dormir en sus propios hogares y era México y, a la mañana siguiente, despertaron y ya era los Estados Unidos. Misma casa, misma cama, pero un país diferente. ¡La frontera las cruzó! Así que, cuando alguien le dice a estas personas de descendencia mexicoamericana, cuyas familias han estado en este país por varias generaciones: “¡Vete a tu casa!”, ellas con seguridad contestan: “Esta es mi casa”.

2) En 1898, los Estados Unidos y España se vieron involucrados en una guerra. Eventualmente, los Estados Unidos salieron victoriosos en el conflicto y se quedaron con el botín: la isla de Puerto Rico. En 1917, debido a la Primera Guerra Mundial, existía la necesidad de más soldados, así que después de años de mantener a las personas puertorriqueñas en un estatus político muy ambiguo, el gobierno de los Estados Unidos les otorgó la ciudadanía. Desde entonces, la gente puertorriqueña ha podido desplazarse libremente entre la isla y el territorio continental de los Estados Unidos.

3) En la década de 1980, los Estados Unidos se involucraron profundamente en los asuntos internos de Nicaragua y El Salvador. En el caso de Nicaragua, los Estados Unidos apoyaron al movimiento guerrillero para desestabilizar al gobierno socialista electo. En el caso de El Salvador, los Estados Unidos apoyó los esfuerzos del gobierno para acallar las voces del pueblo que pedía justicia, bajo el argumento de que estas personas eran comunistas. El resultado de estas estrategias políticas fue que miles de personas salvadoreñas y nicaragüenses emigraron a este país en busca de asilo político y refugio.

Estoy consciente de que todos los eventos históricos pueden ser interpretados de diferentes maneras, dependiendo del intérprete y de su perspectiva y valores. El Dr. Justo L. González, teólogo e historiador de la iglesia, nos invita a leer la historia secular y la de la Biblia “de una manera que no sea ingenua/inocente”. ¿A qué se refiere con esto? Lo que él quiere decir es que necesitamos reconocer tanto las partes gloriosas de la historia así como también las dolorosas, perturbadoras, penosas y quizá hasta vergonzosas. ¿Por qué es esto importante? El Dr. González subraya: “La historia ingenua/inocente es un olvido selectivo en una memoria que debe ser más realista”. Si leemos la historia bíblica de una manera ingenua/inocente, resaltaremos que el rey David fue un hombre conforme al corazón de Dios, pero nunca mencionaremos nada sobre sus pecados de adulterio y homicidio, y como resultado no aprenderemos de sus errores.

Por otro lado, el Dr. González afirma que “el recuerdo responsable … nos lleva a acciones responsables”. En el caso de la inmigración, González resalta que el leer la historia de una manera realista, que no sea ingenua/inocente, desafiará al grupo dominante en los Estados Unidos a que recuerde sus raíces migratorias, así como la postura bíblica al respecto de las personas inmigrantes: “Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el SEÑOR y Dios de Israel” (Levítico 19:33-34 NVI).

Si bien es cierto que no podemos cambiar el pasado, tenemos el futuro — un futuro que se abre claro, lleno de esperanza y posibilidades a medida que se van delineando nuevos horizontes. Pero para que este futuro sea realmente esperanzador, debemos de leer la historia de una manera realista, que no sea ingenua/inocente, con el fin de evitar los errores del pasado. Asimismo, este futuro nos invita a reconocer y abrirnos a la oportunidad de hacer lo que esté a nuestro alcance para unirnos a la agenda de Dios y a su proyecto de justicia, paz y amor en favor de todos sus hijos/as.

¿Cómo hacemos esto de manera práctica? Si bien es cierto que no somos completamente responsables por el rumbo de este país en relación a su política doméstica y exterior, es importante mantenernos informados con el fin de apoyar las agendas políticas y económicas que sean justas para todos las hijas/os de Dios. En cuanto a la crisis de personas migrantes/refugiadas, en mi columna anterior sugerí una serie de acciones que nos ayudarán a involucrarnos de manera positiva en este asunto. Para más información, también puede visitar las organizaciones locales que trabajan con este asunto en su comunidad.

Este país ha sido muy bendecido; sin embargo, las bendiciones también conllevan responsabilidades. En la Biblia, cuando una persona recibía una bendición, era para bendecir a alguien más (Isaías 42:6-7). La presencia de minorías, migrantes y refugiados/as en este país tal vez represente un problema para algunas personas; no obstante, si lo vemos desde la perspectiva de un buen líder, debemos preguntarnos: ¿Es esto un problema o una gran oportunidad para aprender, crecer, mejorar y bendecir a otras personas? ¿Es esto un problema o una oportunidad para cumplir con el mandato de Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”?

Esta traducción es posible gracias al Departamento de Lenguas Modernas de la Universidad Bautista de las Américas (Baptist University of the Américas) en San Antonio, Texas.

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OPINION: Views expressed in Baptist News Global columns and commentaries are solely those of the authors.
Tags:ImmigrationNora LozanocolumnsRefugees
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